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lunes, 7 de febrero de 2011

¿CUÁNDO UNO ES HOMOSEXUAL?

Por: GERARD J.M. VAN DEN AARDWEG

 SENTIMIENTOS HOMOSEXUALES

Por sentimiento homosexual se entiende cualquier sensación de enamoramiento o atracción erótica hacia personas del mismo sexo. Esto viene acompañado de un débil o nulo interés erótico por el sexo opuesto. Aquí debemos hacer una excepción: sentimientos homosexuales que puedan aparecer durante la adolescencia (pubertad) y hasta los 17 años, por lo normal, son transitorios y deben ser contemplados como una etapa más del desarrollo psicosexual. Desaparecen sin dejar huella cuando, en la siguiente fase, despiertan los sentimientos heterosexuales. Como describiré más adelante, la prepubertad y pubertad son los períodos más importantes en lo que respecta al desarrollo de la “genuina” homosexualidad: los sentimientos homosexuales que perduran durante toda la vida.

Además, debemos recordar que la palabra “homosexualidad” engloba una gran variedad de tipos y formas. Por ejemplo: hay hombres que se sienten atraídos sexualmente por cualquier hombre, y otros que tan sólo están interesados en tipos específicos de varones. En algunos, el sentimiento homosexual está continuamente presente en su imaginación, como si fuera una obsesión, mientras que en otros aparece a rachas. Algunos se inclinan por compañeros de su misma edad; otros, por mayores, y otros, por jóvenes, adolescentes o niños. Algunos cambian en sus preferencias.

Hay diferencias también en los papeles que asumen en las relaciones con sus compañeros. Unos desempeñan predominantemente un papel activo; otros pasivo, mientras que muchos –la mayoría- no tienen un papel fijo. Algunos con tendencias homosexuales pueden ser conscientes de sus sentimientos heterosexuales, que son de escasa intensidad: son los llamados bisexuales. En el otro extremo, están quienes sólo de forma esporádica tienen impulsos heterosexuales, y quienes apenas tienen ninguno: son los llamados homosexuales exclusivos (digo “apenas ninguno” porque Freud afirmó acertadamente que, en un análisis cuidadoso de las fantasías a lo largo de la vida de una persona con fuertes tendencias homosexuales, se encuentran siempre trazos de una disposición heterosexual normal, aunque profundamente oculta).

Otra distinción más: algunos desean un compañero para una relación más duradera; otros no. De cualquier forma entre el deseo y la realización, los primeros encuentran una gran distancia; una relación leal y duradera es extremadamente rara, si es posible en algún caso. Así, en un estudio realizado a setenta hombres y mujeres con inclinaciones homosexuales, más del 70% que afirmaba haber aceptado sus sentimientos como normales y estar viviendo homosexualmente, deseaba unas relaciones duraderas: pero, tan sólo cuatro hombres y siete mujeres reconocían haber tenido un solo compañero durante los dos últimos años1. No importa en qué país o con qué muestra de personas inclinadas a la homosexualidad se hagan estas encuestas: el resultado es invariablemente el mismo. Es posible, sin embargo, distinguir entre los que buscan contactos transitorios (los tipo “crucero”) y los otros que tratan de hallar una relación más o menos duradera.


INCIDENCIA

Fueron los homosexuales militantes los que dieron a conocer el eslogan “una persona de cada veinte es homosexual”. Esto es pura propaganda. Algunos creen que demostrando que hay una alta incidencia en la población, se conseguiría normalizar la condición, pero no hay ninguna lógica en ello. Sólo porque un alto porcentaje de la población sufra alguna clase de reúma, no significa que el reúma deje de ser una enfermedad. Si el argumento aducido fuera cierto, millones de americanos serían homosexuales. Estos cálculos no están avalados por ninguna investigación. Los pocos estudios válidos –que se han llevado a cabo con grupos selectos- apuntan, como mucho, a un 2 ó 3% de la población; otro estudio ni siquiera alcana el 1%2. Estadísticas recientes, más amplias y fiables, han confirmado que el porcentaje para Estados Unidos es del 1%3 y para el Reino Unido de cerca del 1,5%4. Hay que tener en cuenta, además, que probablemente las mujeres con tendencias homosexuales son menos que los hombres (y la mayoría de las estimaciones son extrapolaciones de muestras de varones); el 30 ó el 40% de los que tienen tendencias homosexuales son bisexuales y pueden ser contabilizados correctamente con la población no homosexual; los niños y adolescentes deben ser excluidos del número total de los homosexuales de una población, pues su desarrollo sexual aún no está completo. De esta forma, los porcentajes y los números se reducen considerablemente.

 Nos hacen creer que la homosexualidad ha crecido mucho en los últimos años. Dudo mucho de este aumento drástico; puede ser, en todo caso, que haya aumentado el número de los que actualmente convierten sus sentimientos en comportamiento homosexual. La desmesurada atención que se presta al tema (apenas se puede ver un periódico popular sin encontrarse con algún comentario sobre los homosexuales y sus problemas) contribuye de forma considerable a la impresión de omnipresencia de la homosexualidad. Esto es lo que buscan quienes abogan a favor de la normalidad del fenómeno “gay”. Estar a favor de la homosexualidad se ha convertido en un signo de visión progresista.


AUTOIDENTIFICACIÓN

Los jóvenes que perciben en sí mismos tendencias homosexuales, con frecuencia lo pasan bastante mal. Se sienten cada vez más separados de los compañeros de su edad porque son incapaces de compartir sus intereses por el sexo opuesto, y se sienten obligados a comportarse como si los tuvieran. Están avergonzados; cuando se alude al tópico de la homosexualidad, quieren esconderse para que el resto no lo asocie con ellos. Sufren en silencio; puede que intenten negar o quitarle importancia a sus sentimientos, incluso delante de sí mismos. El momento crucial llega en torno a los 18 años, cuando el joven tiene que afrontar su situación. Entonces, es fácil que acabe diciendo: “soy un homosexual”.

Esto puede producir un gran alivio. La tensión extrema disminuye, pero hay que pagar un precio. Los más jóvenes apenas se dan cuenta de que se han fijado una etiqueta casi definitiva con su “autoidentificación”, con la que se incluyen en una “segunda clase”, en un status marginado de hecho. Algunos podrán adoptar una actitud orgullosa y se sentirán incluso superiores a las personas normales, pero a pesar de sus esfuerzos para parecer contentos con su inclinación, se darán cuenta interiormente de que su “ser diferentes” es considerado como una forma inferior de sexualidad. Querrán pertenecer a una minoría bien definida y sentirse cómodos entre gente de inclinaciones similares, libres de las dificultades que supone vivir en el mundo heterosexual. El precio, sin embargo, es un fatalismo depresivo que está implícito en la nueva identidad adquirida: “soy así”. El joven no piensa: “es cierto que tengo sentimientos homosexuales ocasionales o regulares, pero sustancialmente soy igual a los demás”. No, él siente que es una criatura diferente e inferior, que carga con una predestinación: se ve a sí mismo como un ser trágico.

Esta desgraciada autoetiqueta encaja con un sentimiento de inferioridad que ya lleva alimentándose desde hace tiempo; es el llamado sentimiento de desplazamiento. La idea de “no soy como los demás” está definitivamente grabada en su mente gracias a la autoidentificación: “soy un homosexual”. Volveremos sobre esto más tarde. El sentimiento de no ser como los demás, de no pertenecer al grupo, junto a la necesidad de ocultar sus sentimientos frente a los demás, de mantenerse apartado, es algo propio de la mayor de las personas con esta tendencia.

¿No es esto más bien efecto de la discriminación social? No. Es verdad que las personas con tendencias homosexuales no están consideradas como normales por el resto: pero ésta no es la causa principal del sentimiento de tragedia. Estas personas conservan dicho sentimiento incluso cuando viven en un ambiente en el que es aceptado. Es parte de su neurosis.

Desde la visión actual, por la que uno nace con una preferencia homosexual, que es mejor que sea aceptada, la autoetiquetación fatalista está más promovida por el mundo exterior de los adolescentes. Frecuentemente, los jóvenes que expresan sus sentimientos fantasías homoeróticas, que con toda probabilidad no son fijas todavía, son informados por los “expertos”, de su condición de homosexual, lo que puede suponer un duro golpe y destrozar cualquier esperanza de cambio. Sugiero, como respuesta preferible ante los jóvenes que descubren sus sentimientos secretos, la siguiente: Tú sientes un interés real por tu propio sexo, pero es un asunto de inmadurez. No eres así por naturaleza. Tu naturaleza heterosexual aún no ha despertado. Lo que tenemos que arreglar es tu problema de personalidad, el complejo de inferioridad.

Las tensiones sexuales pueden ser tan intensas que, con facilidad, los jóvenes con tendencias homosexuales creen que comprometerse en una relación homosexual será la solución a todos sus problemas, incluido el de la soledad. Acabarán, tarde o temprano, en un modo de vida completamente desordenado, neurótico de hecho. Su estado profundo se parece en diversos aspectos a una toxicomanía.

El estilo de vida homosexual se describe por los medios de comunicación social de “color rosa”. Lo que resulta comprensible como propaganda, pero si se oyen las historias de la realidad vivida por homosexuales practicantes durante muchos años, queda claro que la felicidad no se encuentra en este estilo de vida. Desasosiego en sus contactos, soledad, celos, depresiones neuróticas y, proporcionalmente, muchos suicidios (dejando de lado enfermedades venéreas y otras enfermedades físicas): es la otra cara de la moneda no mostrada en los medios de comunicación. Un ejemplo es el caso de un famoso sexólogo alemán que cantaba públicamente alabanzas sobre las relaciones homosexuales duraderas y fieles, pero que puso fin a su vida después de una relación no tan duradera, la última de muchas. Su trágica muerte apenas fue mencionada en la prensa: podría haber creado en algunas mentes confusión y dudas no deseadas.

 W. Aarón, un antiguo homosexual, resume así sus muchas observaciones y experiencias del comportamiento homosexual: a pesar de la apariencia exterior, todo acaba en desesperación.5
 La periodista americana Doris Hanson entrevistó a homosexuales:

            “Es un mundo duro y no se lo desearía ni a mi peor enemigo”, afirmó uno de ellos. “Durante años viví con una serie de compañeros de habitación, a algunos de los cuales prometí amar. Ellos juraron que me querían. Pero los vínculos homosexuales empiezan y acaban con el sexo. No hay nada más que eso. Después de un encuentro apasionado, el sexo es cada vez menos frecuente. Los compañeros se ponen nerviosos. Quieren nuevas emociones, nuevas experiencias. Empiezan a engañarse el uno al otro, en secreto al principio, más claramente luego.... hay peleas por celos. De pronto huyes y empiezas la búsqueda de un nuevo amante”.6

La madre de una joven lesbiana que se suicidó, comentó acerca de su hija:

            “Elena buscó amor toda su vida. En cierto momento (con su última compañera) parecía que lo había encontrado, pero era un amor basado en una mentira y nunca hubiera podido funcionar”.

Doris Hanson cree que la madre había sintetizado perfectamente lo que ella misma aprendió en sus entrevistas.

 “Es”, escribe, “un mundo en el que las emociones se construyen con mentiras. Para alcanzar una satisfacción momentánea del sexo, los homosexuales repiten “te quiero” tan a menudo como se dice “buenos días”. Una vez que la experiencia ha finalizado, sólo están preparados para decir “adiós”. La caza empieza otra vez”

Puedo asegurar que no son exageraciones oscuras o moralistas. Una persona con inclinación homosexual está empujada a una existencia neurótica y conflictiva. Tenaz e insensiblemente, contra todo consejo, y a pesar de la pena que infligen a sus padres, los jóvenes que sufren este problema se abrazan a su “elección”, que, en su ignorancia, confunden con la “felicidad”. No quieren nada más. Puede resultar duro, pero es verdad: muchos degeneran; la alegría y la frescura de juventud se desvanecen; se rinden, son, en muchos aspectos, como los drogadictos.

Afortunadamente, hay hombres y mujeres con tendencias homosexuales que quieren tomar otro camino bien distinto.

NOTAS:

  1. SBARDELLINI, E.-SBARDELLINI, E.T., Homosexualismo masculino e homosexualismo feminino: Neuroticísmo e fatóres psicológicos na infancia, inédito, Universidade Católica, Department of Psychology, Campinas, Sao Paulo 1977.
  2. SIGMUND, G., Die Natur der menschlichen Sexualität, J.w. Naumann, Würzburg 1972
  3. ALAN GUTTMACHER INSTITUTE, The Sexual Behavior of Men in the U.S., en “Family Planning Perspectives”, 25 (1933), pp. 52-62.
  4. WELLINGS, K. Y OTROS, Sexual Behavior in Britain, Penguin, Hardmonsworth 1994.
  5. La historia de su penosa –pero al final victoriosa- fatiga por liberarse de sus sentimientos homosexuales y relatada por AARÓN, W., Straight: A Heterosexual Talks about His Homosexual Past, Doubelday, New York 1972.
  6. HANSON, D., Homosexuality: The International Disease, L.S. Publications, New York 1965

jueves, 29 de abril de 2010

Alarmante testimonio de mujer criada por pareja de mismos sexos

Una mujer canadiense que fue criada en un hogar homosexual se dedica ahora a asistir a otras personas que atraviesan por la misma situación y a pedir a los gobiernos del mundo que protejan el matrimonio entre hombre y mujer.
Según informa ForumLibertas.org, Dawn Stefanowicz vive en Ontario, Canadá, con su esposo de toda la vida y sus dos hijos, a los que ha educado en casa. Actualmente prepara su autobiografía y desarrolla un ministerio especial desde el sitio web (en inglés) http://www.dawnstefanowicz.com/ : Brinda ayuda a otras personas que como ella crecieron a cargo de un padre homosexual y fueron expuestos a este estilo de vida.
Stefanowicz explica en el sitio web “cómo en su infancia estuvo expuesta a intercambios de parejas gays, playas nudistas y la falta de afirmación en su feminidad, cómo le hirió el estilo de vida en el que creció, y ofrece ayuda, consejo e información para otras personas que han crecido heridas en un entorno de ‘familia’ gay, un estilo de ‘familia’ que ella no desea para nadie y que cree que las leyes no deberían apoyar“.

Su testimonio
En su relato, Stefanowicz explica que debido a una enfermedad grave de su madre debió quedar al cuidado de su padre homosexual cuando aún era una niña. “Estuve expuesta a un alto riesgo de enfermedades de transmisión sexual debido al abuso sexual, a los comportamientos de alto riesgo de mi padre y a numerosas parejas“, relata.
“Incluso cuando mi padre estaba en lo que parecían relaciones monógamas, continuaba haciendo ‘cruising’ buscando sexo anónimo. Llegué a preocuparme profundamente, a amar y entender con compasión a mi padre. Compartía conmigo lo que lamentaba de la vida. Desgraciadamente, siendo niño unos adultos abusaron sexual y físicamente de él. Debido a esto, vivió con depresión, problemas de control, estallidos de rabia, tendencias suicidas y compulsión sexual. Intentaba satisfacer su necesidad por el afecto de su padre, por su afirmación y atención, con relaciones promiscuas y transitorias. Las (ex) parejas de mi padre, con los que traté y llegué a apreciar con sentimientos profundos, vieron sus vidas drásticamente acortadas por el SIDA y el suicidio. Tristemente, mi padre murió de SIDA en 1991“, recuerda.
Según Stefanowicz las “experiencias personales, profesionales y sociales con mi padre no me enseñaron el respeto por la moralidad, la autoridad, el matrimonio o el amor paterno. Me sentía temerosamente acallada porque mi padre no me permitía hablar de él, sus compañeros de casa, su estilo de vida y sus encuentros en esa subcultura. Mientras viví en casa, tuve que vivir según sus reglas“.
“Sí, amaba a mi padre. Pero me sentía abandonada y despreciada porque mi padre me dejaba a menudo para estar varios días con sus compañeros. Sus parejas realmente no se interesaban por mí. Fui dañada por el maltrato doméstico homosexual, las tentativas sexuales con menores y la pérdida de parejas sexuales como si las personas fueran sólo cosas para usar. Busqué consuelo, busqué el amor de mi padre en diversos novios a partir de los 12 años“, sostiene.
Stefanowicz recuerda que “desde corta edad, se me expuso a charlas sexualmente explícitas, estilos de vida hedonistas, subculturas GLBT y lugares de vacaciones gay. El sexo me parecía gratuito cuando era niña. Se me expuso a manifestaciones de sexualidad de todo tipo incluyendo sexo en casas de baño, travestismo, sodomía, pornografía, nudismo gay, lesbianismo, bisexualidad, voyeurismo y exhibicionismo. Se aludía al sadomasoquismo y se mostraban algunos aspectos. Las drogas y el alcohol a menudo contribuían a bajar las inhibiciones en las relaciones de mi padre“.
“Mi padre apreciaba el vestir unisex, los aspectos de género-neutro, y el intercambio de ropas cuando yo tenía 8 años. Yo no veía el valor de las diferencias biológicamente complementarias entre hombre y mujer. Ni pensaba acerca del matrimonio. Hice votos de no tener nunca hijos, porque no crecí en un ambiente de hogar seguro, sacrificial, centrado en los niños
“, señala.
Las consecuencias
“Más de dos décadas de exposición directa a estas experiencias estresantes me causaron inseguridad, depresión, pensamientos suicidas, miedo, ansiedad, baja autoestima, insomnio y confusión sexual. Mi conciencia y mi inocencia fueron seriamente dañados. Fui testigo de que todos los otros miembros de la familia también sufrían“,
sostiene Stefanowicz.
Ella asegura que sólo después de haber tomado las decisiones más importantes de su vida, empezó a darse cuenta de cómo la había afectado crecer en ese ambiente.
“Mi sanación implicó mirar de frente la realidad, aceptar las consecuencias a largo plazo y ofrecer perdón. ¿Podéis imaginar ser forzados a aceptar relaciones inestables y prácticas sexuales diversas desde corta edad y cómo afectó a mi desarrollo?. Desgraciadamente, hasta que mi padre, sus parejas sexuales y mi madre murieron, no pude hablar públicamente de mis experiencias“, explica.
“Al final, los niños serán las víctimas reales y los perdedores del matrimonio legal del mismo sexo. ¿Qué esperanza puedo ofrecer a niños inocentes sin voz? Gobiernos y jueces deben defender el matrimonio entre hombre y mujer y excluir todos los otros, por el bien de nuestros niños“, concluye.
fuente: ACI Prensa

viernes, 23 de abril de 2010

Otro experto da razón a Cardenal Bertone al vincular pedofilia con homosexualidad

SANTIAGO, 21 Abr. 10 (ACI).- El Diario de Chile publicó en su edición del viernes 16 de abril un artículo del experto psicólogo español José María Amenós Vidal que lleva por título: "El Cardenal Tarcisio Bertone y la evidencia científica que corrobora la relación entre homosexualidad y pedofilia", en él le da la razón al Purpurado quien afirmó durante su visita a Chile la existencia de este vínculo.

Amenós Vidal es licenciado en Psicología Clínica y Social, está dedicado desde 1984 a la docencia e investigación en la Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación de la Universidad Central de Barcelona (España), y es Director de Seminarios en los Departamentos de Psicología General y Social de la Facultad de Psicología de la misma.

El artículo fue enviado a los medios de comunicación de Chile, en respuesta a las desmesuradas críticas y manifestaciones que se produjeron como consecuencia de las declaraciones hechas por el Secretario de Estado en Santiago, y que solamente pretendían constatar una realidad, explicada por otros expertos como el psiquiatra estadounidense Richard Fitzgibbons, especialista en el tratamiento de sacerdotes que han cometido abusos contra menores.

El artículo de Amenós explica al comenzar que "el reconocido médico y psiquiatra español, el profesor y doctor Aquilino Polaino, se reafirmó con autoridad en la materia en el tratamiento de la homosexualidad como una patología mental, que debe ser intervenida en el ámbito de la consulta psiquiátrica y según sea el enfoque paradigmático del terapeuta en consonancia con un modelo ya propuesto para la ciencia psicológica por Gerard J. M. van den Aardweg, catedrático y psicólogo holandés, que hace años descifró las claves de esta enfermedad y su intervención".

"El modelo análogo para la ciencia psicológica del programa Aardweg, se muestra en clara oposición y confrontación con la primera y segunda escuela vienesa del psicoanálisis de Sigmund Freud y Alfred Adler, porque los psicoanalistas ortodoxos y heterodoxos han defendido sin base científica que la homosexualidad se debe a factores hereditarios, cuando de esta hipótesis que ha sido del todo descartada en la actualidad por su incongruencia con los resultados de las investigaciones científicas, se concluye que efectivamente el medio social es su principal desencadenante".

Desde este punto de vista, prosigue el experto, "las recientes afirmaciones del Secretario de Estado del Vaticano, el Cardenal Tarcisio Bertone, en su reciente viaje a Chile, corroboran la evidencia científica que deriva de estudios estadísticos y correlacionales entre homosexualidad y pedofilia, cuestión investigada mediante modelos homólogos por el campo de la etología de los primates, en un estudio que fue presentado precisamente y con este propósito en el Primer Congreso Nacional de Etología y Psicología Comparada organizado por la Universidad de Chile (16-18 octubre 2008) y que exponía entre otras, dichas conclusiones".

El artículo de Amenós también explica que estos resultados responden a "los errores del psicoanálisis con respecto a la homosexualidad, porque no es resultado de la herencia genética, y del evolucionismo en relación con la pedofilia, porque no es independiente del entorno sino que aparece de forma correlativa o simultánea como trastorno de conducta en un ambiente hostil".

Para leer el artículo completo, ingrese a:
http://www.aciprensa.com/homosexualidad/bertone.htm

miércoles, 21 de abril de 2010

¿Y los gay-pedófilos sin sotana?...

Según publica la revista TVNotas, los esposos Juan de Dios y Hermelinda García acusan al artista de haber abusado de su hijo Juan Carlos cuando este tenía 14 años.
Juan Gabriel fue demandado en una corte de Los Ángeles por presunto abuso sexual a un menor de edad hace casi 30 años, según documentos públicos de esa instancia.

La demanda fue presentada el 5 de octubre de 2009 por Juan Carlos García, quien tiene 42 años y asegura haber sufrido abuso entre 1982 y 1984 por el compositor, cuando tenía 15.

El padre de García era músico de Juan Gabriel. Fue cuando tuvo contacto con el cantante y sufrió los presuntos abusos.

En la demanda judicial contra Alberto Aguilera Valadez, nombre verdadero del cantautor, la presunta víctima se identifica como J.C.G. y señala que a finales de noviembre de 1982 se dio la primera agresión sexual.
Indicó que en esa ocasión Juan Gabriel entró a su habitación y le practicó sexo oral.

Aseguró que los abusos continuaron y que en 1983 Juan Gabriel sodomizó al menor, acción que se repitió en múltiples ocasiones.

Juan Gabriel fue demandado en una corte de Los Ángeles por presunto abuso sexual a un menor de edad hace casi 30 años, según documentos públicos de esa instancia.

La demanda fue presentada el 5 de octubre de 2009 por Juan Carlos García, quien tiene 42 años y asegura haber sufrido abuso entre 1982 y 1984 por el compositor, cuando tenía 15.

El padre de García era músico de Juan Gabriel. Fue cuando tuvo contacto con el cantante y sufrió los presuntos abusos.

En la demanda judicial contra Alberto Aguilera Valadez, nombre verdadero del cantautor, la presunta víctima se identifica como J.C.G. y señala que a finales de noviembre de 1982 se dio la primera agresión sexual.
Indicó que en esa ocasión Juan Gabriel entró a su habitación y le practicó sexo oral.

Aseguró que los abusos continuaron y que en 1983 Juan Gabriel sodomizó al menor, acción que se repitió en múltiples ocasiones.

Juan Gabriel fue demandado en una corte de Los Ángeles por presunto abuso sexual a un menor de edad hace casi 30 años, según documentos públicos de esa instancia.

La demanda fue presentada el 5 de octubre de 2009 por Juan Carlos García, quien tiene 42 años y asegura haber sufrido abuso entre 1982 y 1984 por el compositor, cuando tenía 15.

El padre de García era músico de Juan Gabriel. Fue cuando tuvo contacto con el cantante y sufrió los presuntos abusos.

En la demanda judicial contra Alberto Aguilera Valadez, nombre verdadero del cantautor, la presunta víctima se identifica como J.C.G. y señala que a finales de noviembre de 1982 se dio la primera agresión sexual.
Indicó que en esa ocasión Juan Gabriel entró a su habitación y le practicó sexo oral.

Aseguró que los abusos continuaron y que en 1983 Juan Gabriel sodomizó al menor, acción que se repitió en múltiples ocasiones.

domingo, 18 de abril de 2010

Un psiquiatra especializado da la razón al cardenal Bertone con datos concluyentes

Las declaraciones del secretario de Estado vaticano despertaron la indignación del lobby gay, pero tienen un sólido apoyo científico incluso según los informes de los equipos que han investigado específicamente los casos de abusos cometidos por el clero. Las cifras del doctor Richard Fitzgibbons son contundentes en los porcentajes.
El lunes, en el Seminario Pontificio de Santiago de Chile, el cardenal Tarcisio Bertone afirmó que, «según numerosos psicólogos y psiquiatras», no existe una relación entre la pederastia y el celibato de los clérigos y religiosos, y sí con la homosexualidad.

El director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Federico Lombardi, aclaró después que las afirmaciones del secretario de Estado no se referían a la población homosexual en general, sino «al problema de abusos por parte de sacerdotes». Eso no aplacó al lobby gay, ni a Pedro Zerolo (quien, ignorando las palabras de Lombardi, dijo este sábado que la Iglesia se equivoca al «vincular una orientación sexual con la comisión de un delito»)... ni tampoco al ministro francés de Asuntos Exteriores, uno de los nombramientos más polémicos de Nicolas Sarkozy por tratarse de una reconocida personalidad de izquierdas que llegaba a un gobierno de derechas tras las elecciones de 2007. Según Bernard Kouchner, su colega Bertone había hecho una «amalgama inaceptable».

Pero no tan inaceptable, según el psiquiatra Richard Fitzgibbons, uno de los principales expertos mundiales en el asunto y consultor de la Congregación del Clero. Fitzgibbons está especializado en la atención médica a los sacerdotes pederastas, y no es precisamente complaciente con ellos, al destacar que «niegan el pecado en sus vidas» y «se resisten a examinar sus conciencias», buscando incluso justificación en directores espirituales alejados de la doctrina moral de la Iglesia.

En declaraciones a Catholic News Agency, sin embargo, Fitzgibbons ha dado la razón al cardenal Bertone, al recordar los datos contundentes del informe del despacho de abogados John Jay, a quien la conferencia episcopal norteamericana encargó en 2002 una investigación a fondo sobre el problema que entonces sacudía a la Iglesia en Estados Unidos. En ese informe se recogía que el 81% de los sacerdotes pedófilos habían abusado de menores de su mismo sexo, según el siguiente rango de edades: 6% por debajo de 7 años, 16% entre 8 y 10 años, 51% entre 11 y 14 años y 27% entre 15 y 17 años.

Fitzgibbons va aún más lejos al describir su propia y amplia experiencia personal: «Todos los sacerdotes a los que he tratado que habían tenido alguna relación sexual con niños habían tenido relaciones homosexuales adultas.»