viernes, 11 de febrero de 2011

La homosexualidad como transtorno psíquico: un enfoque científico alternativo

POR:  GERARD J.M. VAN DEN AARDWEG

Los primeros estudios sistemáticos sobre la homosexualidad se llevaron a cabo en el siglo XIX por autores como Krafft-Ebing y Magnus Hirschfield, que interpretaron sus datos a la luz de las teorías fisiológicas y biológicas predominantes en aquella época. La noción de “tercer sexo” o “intersexo”, por ejemplo, fue popular por aquel entonces. Sigmund Freud fue uno de los primeros en formular teorías acerca de la homosexualidad basándose en la importancia de los factores psicológicos. Pensó, entre otras cosas, que la persona con tendencias homosexuales se sentía identificada desde la niñez, con el padre de sexo opuesto y tenía una relación conflictiva con el padre del mismo sexo.

Por consiguiente, Freud se fijó en la infancia, y enfocó especialmente su atención en esta relación padre-hijo. Consideró la homosexualidad como un trastorno eminentemente psíquico, que probablemente fuera estimulado por factores biológicos (hereditarios, según él) aún desconocidos. Uno de los primeros en no creer en la importancia del factor hereditario –quizá el primero- fue Alfred Adler, discípulo de Freud. Este “descubridor” del complejo de inferioridad describió en 1917 la homosexualidad como una consecuencia de tal complejo1. Sus observaciones le enseñaron que las personas con sentimientos homosexuales tienen invariablemente complejos de inferioridad en su masculinidad o femineidad.

Otro discípulo de Freud, Wilhelm Stekel 2, acumuló una gran experiencia clínica con gente afectada por problemas psicosexuales y describió algunas observaciones originales de sus pacientes con tendencias homosexuales. La homosexualidad, teorizó, es la consecuencia del miedo al sexo opuesto. Confirmando las teorías de Freud relativas al origen psicodinámico de la homosexualidad en la niñez, Stekel minimizó la importancia de la supuesta predisposición hereditaria (mucho más de lo que hizo Freud) y quizá fue el primero en clasificarla como una neurosis. Además, no estuvo de acuerdo con Freud sobre el papel causal del famoso “complejo de Edipo”, y señaló una serie de errores en la educación del niño que podrían ocasionar la neurosis homosexual. Subrayó el papel del padre, a menudo mucho más importante que el de la madre, como causa de la homosexualidad masculina. También apuntó el carácter infantil de la vida interior de estos pacientes –entendió la homosexualidad como un “infantilismo psíquico” 3- y resaltó que la motivación homosexual estaba intrínsecamente ligada a sentimientos de infelicidad. Más que Freud, creyó en la posibilidad de un cambio radical de la inclinación homosexual; aunque también pensó que esto ocurría raras veces. Sus observaciones influyeron profundamente en el pensamiento de sus discípulos.

La segunda y tercera generación de psicoanalistas se basaron en los fundamentos dejados por sus predecesores. E. Bergler, psiquiatra austroamericano, introdujo un factor original: el llamado masoquismo psíquico 4. El impulso homosexual contiene, según él una especie de autotormento, una necesidad inconsciente de sentirse rechazado y, en general, de “coleccionar injusticias”: situaciones desagradables y experiencias que dan la oportunidad de sufrir (de la misma manera que se dice que algunas personas buscan los problemas).

I. Bieber, otro psiquiatra estadounidense, y sus colaboradores han estimulado notablemente las investigaciones psicológicas de la homosexualidad gracias a su extenso estudio estadístico sobre la personalidad y sus factores infantiles en varones homosexuales 5. Ya he anotado la escasez de hallazgos en los campos de la psicología y biología. Por otro lado, Bieber –al igual que sus sucesores- ha presentado con cronométrica regularidad un número más o menos específico de factores infantiles en hombres con tendencias homosexuales. Estos factores están entrelazados y forman un patrón reconocible relacionado de cerca con el proceso causal. Este patrón consiste en relaciones interpersonales con los padres, hermanos, y con el llamado grupo de los iguales, así como otros datos referentes al desarrollo psicológico, lo cual no es difícil de unir al pensamiento de los teóricos de la psicología moderna 6. Las estadísticas de Bieber y sus colaboradores pueden ser usadas también como plataforma para la teoría de la homosexualidad que voy a exponer. Dichas estadísticas son más aceptables por haber sido recogidas en varios subgrupos de personas inclinadas a la homosexualidad y en varios países.

La teoría no surgió de repente, sino que es el resultado de una evolución gradual de las investigaciones relativas a la neurosis y a la homosexualidad llevadas a cabo por psicoterapeutas formados psicoanalíticamente. Su fundador, el psiquiatra holandés Johan Leonard Arndt (1892-1965), integró una amplia variedad de observaciones y exámenes de los primeros teóricos, principalmente de Adler y de su propio maestro, Stekel. Arndt confirmó y elaboró un cierto número de las observaciones de Stekel, tales como: “Él (el homosexual) es infeliz, se siente condenado irremediablemente al sufrimiento”; Nunca he visto a un homosexual feliz o sano”; “(es) un eterno niño... que lucha con el adulto” 7

Al introducir el principio de autocompasión, Arndt no niega de ningún modo las conclusiones de sus predecesores, sino que las completa con una síntesis que contiene otros datos relevantes obtenidos por autores contemporáneos de las más diversas orientaciones teóricas. El homosexual, dice, al igual que otros neuróticos, puede estar dominado por una estructura interna que se comporta autónomamente como el ego infantil, un niño que se entrega a la autocompasión. Habiendo descubierto este mecanismo en numerosos casos de neurosis poco claros en cuanto a la expresión sexual 8, gradualmente se convenció de su aparición en cualquier tipo de neuróticos; finalmente también lo descubrió en los homosexuales 9.

Ardnt estaba impresionado por este lamento infantil crónico en los neuróticos adultos, de su persistencia y de su resistencia al cambio; aplicó el concepto freudiano de “represión” para aclarar la fijación de las reacciones infantiles de dolor y autocompasión, así como su carácter autónomo y repetitivo. Para Freud, el importante concepto de represión estaba íntimamente ligado a otro concepto esencial: es subconsciente 10. Ya en su primera publicación sobre la histeria, escrita en colaboración con Joseph Breuer 11, Freud expuso la hipótesis de que las intensas emociones motivadas como reacción a las frustraciones, con frecuencia no son tratadas correctamente, sino que son suprimidas por la fuerza, de manera que se tratan disociadas del conocimiento consciente. Mantienen, sin embargo, su plena intensidad emocional en el subconsciente. Breuer y Freud se referían especialmente a los sentimientos de dolor, con sus respectivas manifestaciones de lágrimas, suspiros y cólera.

Ardnt identificó la reacción principal de dolor como autocompasión. Sostuvo la hipótesis de que esta emoción fuese reprimida en el subconsciente para, posteriormente, forzar al neurótico a sufrir continuamente los impulsos de esta autocompasión (sin que él los reconozca como tales). La terapia para esta situación consistiría, lógicamente, en hacer consciente la autocompasión inconsciente del “niño que hay dentro y que se queja”. En ese momento, perdería su fuerza compulsiva sobre la mente.

En un principio, yo me adherí a la teoría de Arndt 12, pero mis dudas acerca de ella aumentaron con los años, hasta que la rechacé. Innegablemente, la “represión” puede ser la explicación a varios fenómenos que solemos hallar en la psicoterapia. Así, se observa la conocida resistencia a admitir la autocompasión en el preciso momento en que ésta actúa. En efecto, hay algo que contrarresta el reconocimiento consciente de la atocompasión. Creo que este “algo” equivale más a un “orgullo herido”. Además, el proceso de superación de una neurosis, de una neurosis homosexual, una vez reconocido, está mejor descrito como una combinación de la conquista de su autoconciencia y de la lucha, en amplio frente, contra su infantilismo. No es tanto el desbloqueo de las represiones la causa del cambio, cuanto la disminución gradual de hábitos emocionales infantiles profundamente arraigados, como la autocompasión y reacciones asociadas a ésta. Lo más característico del neurótico es su egocentrismo, del cual la autocompasión es quizá el rasgo más sobresaliente. Ganar en madurez emocional equivale en gran medida a disminuir este egocentrismo tan infantil.

La repetición neurótica y la resistencia al cambio se entienden mejor como efectos de los hábitos de formación o como “dependencia” a la autocompasión y a sus tendencias intrínsecamente conexas. Sin un esfuerzo deliberado por parte de la persona neurótica para adquirir autoconocimiento y combatir su autocompasión, ésta tendencia a buscar su satisfacción para, de esta manera, reforzarse. Se supera la neurosis cuando se rompen los lazos de la autocompasión. La concepción freudiana de represión en el subconsciente, y la del mismo subconsciente, me parece demasiado romántica. Estoy de acuerdo con aquellos que no creen en la existencia del subconsciente freudiano. Su existencia no ha sido empíricamente probada 13.

En décadas pasadas, muchos otros eminentes psicoterapeutas han estudiado la homosexualidad bajo el punto de vista psicodinámico; sus observaciones y concepciones constituyen contribuciones altamente valiosas, que no son rechazadas por la presente teoría. Destacan nombres como Karen Horney 14, H.S. Sullivan 15, el psiquiatra y neurólogo francés Marcel Eck 16, y los psiquiatras neoyorkinos Charles Socarides 17 y Lawrence Hatterer 18. El libro de Hatterer merece una atención especial. No construye una teoría general, sino que explica un procedimiento práctico para el tratamiento de los homosexuales de sexo masculino. Describe muchos ejemplos de reacciones emocionales y de comportamiento verificado en sus pacientes, tales como los sentimientos de inferioridad, la idealización del compañero homosexual y la tendencia a sentirse como víctima. Esta y otras observaciones de fenómenos hallados durante la terapia son muy valiosas, y se encuadran en la teoría de la autocompasión.

Los defensores de la teoría que admite la homosexualidad como normal, afirman que cualquiera que siga creyendo que se trata de una condición perturbada, más específicamente de una neurosis, es decir, de un tipo de trastorno emocional, está irremediablemente atrasado. La idea de que este trastorno puede ser superado sería, aún más, una seria manifestación de pensamiento obsoleto. Los partidarios de esta teoría parecen ignorar que es su propia alternativa la que está anticuada. En efecto, siempre recurren explícita o implícitamente, a alguna teoría “de lo innato”; en concreto, el punto de vista del siglo XIX. Los estudios sobre las peculiaridades emocionales de las personas que tienen este problema, así como la identificación del mismo como neurosis y algunos métodos de tratamiento, son recientes.

Aunque el concepto de neurosis es indispensable en la práctica clínica y existe un consenso razonable acerca del diagnóstico de una neurosis en casos individuales, no ha sido posible identificar un instrumento objetivo de diagnóstico para su medida. Los intentos con test “objetivos” fisiológicos y psicológicos para distinguir neuróticos de no-neuróticos no han tenido éxito hasta ahora 19. Por tanto, los investigadores tienen que fiarse del test de la única prueba “subjetiva” que ha logrado éxito: el cuestionario, que en palabras de uno de los principales investigadores, “puede ser fiable para hacer una clara distinción entre neuróticos y personas normales” 20. En una variedad de test, realizados en varios países y diferentes grupos socioeconómicos, los expertos han encontrado, sin embargo, el mismo resultado: los grupos de homosexuales alcanzan repetidamente más puntos en las escalas de neurosis, que los grupos de “control” 21. Esta correlación es una buena evidencia científica a favor del carácter neurótico de la homosexualidad. Tales estudios incluyen grupos en situaciones clínicas –aquellos que ya han intentado alguna forma de psicoterapia- y aquellos otros que, por el contrario, se han adaptado a la vida en sociedad 22.

En mi opinión, cualquiera que intente acercarse de modo imparcial a las publicaciones de investigación fisiológica y psicológica disponibles tendrá que admitir que la mejor interpretación de la homosexualidad es la que la considera como una variante de neurosis. De hecho, hoy en día, parece que unos pocos sociólogos y cultivadores de otras ciencias humanas admiten esta conclusión, que es ignorada casi del todo por la opinión pública, lo que se debe a las predominantes tendencias prohomosexuales libertarias, que censuran los puntos de vista no deseados. Esto es lamentable y paradójico a la vez, ya que es precisamente en estas últimas décadas cuando la actitud fatalista (acerca de la imposibilidad de cambio en la homosexualidad) ha sido más injustificada que nunca.

En mi opinión, la teoría de la homosexualidad como forma de neurosis autocompasiva es mucho más que una simple síntesis de material viejo. Es realmente un avance. Entender la naturaleza del problema es mucho más que un ejercicio académico: ofrece la esperanza de que los prisioneros del dogma de la homosexualidad como algo innato e inmutable puedan ser ayudados a madurar emocionalmente.

CITAS:

1. ADLER, ALFRED, Das Problem der Homosexualität, Reinhardt, Munich 1917

2. STEKEL, W., Onanie und Homosexualität, Urban&Schwarzenberg, Viena 1921.

3. STEKEL, W., Psychosexueller Infantilismus, Urban&Schwarzenberg, Viena 1922.

4. BERGLER, E., Homosexuality: Disease or Way of Life?, Hill&Wang, Nueva York 1957.

5. BIEBER, I. Y OTROS, Homosexuality: a Psychoanalystic Study, Basic Books, Nueva York 1962

6. Algunos estudios informando acerca de estos factores: EVANS, R.B., Childhood Parental Relationships of Homosexual Men, en “Journal of Consulting and Clinical Psychology, 33 (1969), pp 129-135; SNORTUM, J.R. Y OTROS, Family Dynamics and Homosexuality, en “Psychological Reports, 24 (1969), pp 763-770; THOMSON, N.L. Y OTROS, Parent-Child Relationships and Sexual Identity in Male and Female Homosexuals and Heterosexuals, en “Journal of consulting and Clinical Psychology”, 41 (1975), pp 120-127; STEPHAN, W.G., Parental Relationships and Early Social Experiences of Activist Male Homosexuals and Male Heterosexuals, en “Journal of Abnormal Psychology, 82 (1973), pp. 506-513; SIEGELMAN, M., Parental Backgrounds of Male Homosexuals and Heterosexuals, en “Archives of Sexual Behavior”, 3 (1974), pp. 3-18; VAN DEN AARDWEG, G.J.M., De factor klaagziekte, neurose en homofilie, en “Psychologica Belgica, 13 (1973), pp. 295-311.

7. STEKEL, W., Onanie und Homosexualität, ya cit.

8. ARNDT, J.L., Zelfdramatisering, Stenfert Kroese, Leiden 1950.

9. ARNDT, J.L., Een bijdrage tot het inzicht in de homosexualiteit, en “Geneeskundige Bladen”, 3 (1961), pp 65-105.

10. MADISON, P., Freud´s Concept of Repression and Defense, University of Minnesota Press, Minneapolis 1961.

11. BREUER, J. Y FREUD, SIGMUND, Studien Ubre Hysterie, Deuticke, Viena 1895

12. VAN DEN AARDWEG, G.J., A Grief Theory of Homosexuality, en “American Journal of Psychotherapy”, 26 (1972), pp. 52-68.

13. HOLMES, D.S. Investigations of repression, en “Psychologial Bulletin” 81 (1974), pp. 632-653

14. HORNEY, KAREN, Our Inner Conflicts, Norton, Nueva York 1975.

15. STACK SULLIVAN, HARRY, The Interpersonal Theory of Psychiatry, Norton, Nueva York 1953.

16. ECK, M., Sodome: Essay sur l´homosexualité, Anthéme Fayard, París 1966

17. SOCARIDES, C. W., The Overt Homosexual, Grune and Stratton, Nueva York 1968, idem, Homosexuality Aronson, Nueva York 1978.

18. HATTERER, L.J., Changing Homosexuality in the Male, McGraw-Hill, Nueva York 1970

19. Sobre tales intentos: EYSENCK, H.J., The Scientific Study of Personality, Routledge & Kegan Paul, Londres 1952; idem, The Dynamics of Anxiety and Hysteria, Routledge & Kegan Paul, Londres 1957; idem, Experiments in Personality, 2 vols. Routledge & Kegan Paul, Londres 1960; EYSENCK, H.J., GRANGER, G.W. Y BRENGELMANN, J.C., Perceptual Processes and Mental Illness, Chapman and Hall, Londres, 1957; CATTELL, R.B. Y SCHEIER, I.H., The meaning and Measurement of Neuroticism and Anxiety, Ronald Press, Nueva York 1961. Un posible candidato a test, EYSENCK, H.J, Dimensions in Personality, Routledge & Kegan Paul, Londres 1947, quedó descartado en la repetición del estudio: CLARIDGE, G., The Excitation-Inhibition Balance in Neurotics, en “Experiments in Personality”, editado por EYSENCK, H.J., vol. 2, Routledge & Kegan Paul, Londres 1960.

20. EYSENCK, Scientific Study of Personality, ya citado.

21. Existen muchos cuestionarios de este tipo, denominados cuestionarios “neuroticistas”: varias escalas o subcuestionarios del Minnesota Multiple Personality Inventory (MMPI) (DAHLSTROM, W.G. Y WELSH, G.S., An MMPI Handbook North Publishing Company, St Paul 1960)); el MAS (TAYLOR J.A., A Personality Scale of Manifest Anxiety, en “Journal of Abnormal and Social Psychology” 48 (1953), pp. 285-290); el Cornell Medical Index (BRODMAN, K., ERDMAN, A.J., LORGE, I., GERHENSON, C.P. Y WOLFF, H.G., The Cornell Medical Index Health Questionnaire III; The Evaluation of Emotional Disturbance, en “Journal of Clinical Psychology”, 8 (1952), pp 119-124); algunas escalas del Sixteen Personality Factor Test (16PF) (CATTEL, R.B. Y STICE, G.F., Handbook of the Sixteen Personality Factor Questionnaire (Institute for Personality and Ability Testing, Champaign, Illinois 1957)); del Maudsley Personality Inventory (MPI) (EYSENCK, H.J., Manual of the Maudsley Personality Inventory, University of London Press, Londres 1959)); y del Eysenck Personality Inventory (EPI) (EYSENCK, S.B.G., Manual fo the Eysenck Personality Inventory, University of London Press, Londres 1964)). Han recibido diferentes nombres, pero los estudios de factor analítico han dejado claro que todos están tan altamente correlacionados que se puede decir que son más o menos idénticos, y miden el mismo factor general de “neuroticismo” o “emotividad neurótica”. BENDIG, .w., Factor Analices of “Anxiety” and “Neuroticism” Inventories, en “Journal of Consulting Psychology, 24 (1960), pp. 161-168, EYSENCK, H.J. Y EYSENCK, S.B.G., Personality Structure and Measurement, Routledge & Kegan Paul, Londres 1969; y GUILFORD, J.P., Factors and factors of Personality, en “Psychological Bulletin”, 82 (1975), pp. 802-814.

22. Los test que confirman este hallazgo han usado el MMPI, el 16PF, el MPI, el EPI, la Neuroticism Scale Questionnaire (NSQ), y el Maudsley Medical Questionnaire (MMQ). Estudios sobre grupos clínicos de personas con tendencia a la homosexualidad (personas en tratamiento) son: VAN DEN AARDWEG, G.J.M., Homofilie, neurose en dwangzelfbeklag, Polak & Van Gennep, Ámsterdam 1967 (Holanda, MMPI y MPI); OLIVER , W.A. Y MOSHER, D.L., Psychopathology and Guilt in Heterosexual and Subgroups of Homosexual Reformatory Inmates, en “Journal of Abnormal Psychology” 73 (1968), pp. 323-329 (EEUU, MMPI); CATTELL, R.B. Y MORONY, J.H., The Use of 16PF in Distinguishing Homosexuals, Normals, and General Criminals, en “Journal of Consulting Psychology”, 26 (1952), pp. 531-540 (Australia, 16PF); VERMEUL, A.W. – VAN MULLEM, Het voorkomen van de zogenaamde homosexuele signs in de Rorschachtest (investigación sin publicar, Gemeente Universiteit, Department of Psychology, Ámsterdam 1960) (Holanda MMQ); y FELDMAN, M.P. Y MACCULLOCH, M.J., Homosexual Behaviour Therapy and Assessment, Pergamon Press, Oxford 1971 (Gran Bretaña, 16PF y EPI). Aquellos que no usan grupos clínicos son CATTELL, R.B. Y MORONY, Use of the 16PF; DOIDGE, W.T. Y HOLTZMAN, W.H., Implications of Homosexuality Among Air Force Trainees, en “Journal of Consulting Psychology”, 24 (1960), pp. 9-13 (EEUU, MMPI); DEAN, R.B. Y RICHARDSON, H., Analysis of MMPI Profiles of Forty College-Educated Overt Male Homosexuals, en “Journal of Consulting Psychology”, 28 (1964), pp. 483-486 (EEUU, MMPI); BRAATEN, L.J. Y DARLING, C.D., Overt and Covert Homosexual Problems Among Male College Students, en “Genetic Psychology Monographs”, 71 (1965), pp, 269-310 (EEUU, MMPI), MANOSEVITZ, M., Early Sexual Behaviour in Adult Homosexual and Heterosexual Males, en “Journal of Abnormal Psychology” 76 (1970), pp. 396-402 (EEUU, MMPI); idem, Education and MMPI-MfSocres in Homosexual and Heterosexual Males, en “Journal of Consulting and Clinical Psychology”, 36 (1971), pp. 395-399 (EEUU, MMPI); EVANS, R.B., Sixteen Personality Factor Questionnaire Scores of Homosexual Men, en “Journal of Consulting and Clinical Psychology”, 34 (1970), pp 212-215 (EEUU, 16PF); SIEGELMAN, M., Adjustment of Male Homosexuals and Heterosexuals, en “Archives of Sexual Behaviour”, 2 (1972), pp. 9-25 (EEUU, NSQ); idem, Psychological Adjustment of Homosexual and Heterosexual Men: A Cross-national Replication, en “Archives of Sexual Behaviour”, 7 (1978), pp. 1-11 (Gran Bretaña, NSQ);, LIONG A KONG, H,P., Neurotische labiliteit en homfilie bij mannen (investigación no publicada, Vrije Universiteit, Department of Psychology, Amsterdam 1965) (Holanda, MPI); y SBARDELINI, E. Y SBARDELINI, E. T., Homosesexualismo masculine e homossexualismo feminine: Neuroticismo e fatores psicológicos na infancia (investigación no publicada, Universidade Católica, Department of Psychology, Campinas, Sao Paulo 1977)

1 comentario:

Anónimo dijo...

Quiero pedir su opinion, que pasa cuando sientes atraccion sentimental por un sexo y sexual por otro, soy mujer y no se si me gustan las chicas o es una tonteria que solo me esta revolviendo, sexualmente me gustan los chicos y me gusta la pornografia solo de hombres, tengo 19 años y ya estoy lo suficientemente grande y se que esto no es duda de adolescentes, pido su ayuda.