Ejemplos de fobia son por ejemplo la claustrofobia (miedo a los espacios cerrados o sin salida) o la aracnofobia (miedo a las arañas). Parece definitivamente fuera de lugar –es evidente- etiquetar a los que no están de acuerdo con la ideología gay como “homófobos”.
Los mismos manuales de diagnóstico no enumeran entre las fobias a la presunta “homofobia”, y estudios recientes (Olatunji y otros, 2004) excluyen que pueda ser definida como tal.
Lo que se llama “homofobia”, de hecho, no es una enfermedad sino una actitud de no estar de acuerdo con la ideología gay y de no aprobar la homosexualidad (que no significa odio o desprecio a las personas con tendencias homosexuales).
Una táctica intimidatoria
¿Por qué la elección del término “homofobia”? se trata de una tentativa intimidatoria, del tipo: “Si quieres que se te considere una persona racional –y no un enfermo, un fóbico debes estar de acuerdo con los objetivos de la ideología gay”.
Sin embargo, la intimidación se está transformando progresivamente en una amenaza. El movimiento gay comprime por qué se aprueban cuanto antes (en algunos países ya se han aprobado) leyes que castigan las actitudes que definen como “homófobas”. La homofobia, no contentándose con ser una enfermedad inexistente, se convierte en un “crimen”, y los “homófobos” (los que no están de acuerdo con el matrimonio gay, la adopción gay, las relaciones homosexuales, etc) deben esperar la reprobación pública y, si insisten en seguir con su posición, una citación para ser juzgados.
El uso del concepto por los activistas gays no se detiene aquí. Se sabe que las personas con tendencias homosexuales padecen con más frecuencia depresiones, trastornos de ansiedad generalizada, trastornos de la conducta, dependencia de la nicotina, consumo o dependencia de otras sustancias con respecto a los heterosexuales; otros tienen episodios suicidas con mayor frecuencia. Según los activistas gays estos sufrimientos no los producen los problemas emocionales que han dado lugar a la tendencia homosexual, sino… la “sociedad homófoba”, es
decir, construida bajo el modelo heterosexual.La homofobia social interiorizada
El obstáculo principal que se le presenta al argumento “ser gay es bello” lo constituyen los homosexuales no gays (la gran mayoría); es decir, los que no quieren resignarse a esa tendencia no deseada y percibida como no natural. A ellos los activistas gays les explican que si consideran innatural su homosexualidad no es porque ésta esté realmente en contra de su verdadera naturaleza. Simplemente han “interiorizado” la homofobia social. Según esta explicación, al vivir en una “sociedad homófoba”, harían propia la aversión social contra la homosexualidad.
Existen estudios que demuestran cómo las personas con tendencias homosexuales muestran el mismo nivel de sufrimiento viviendo en países o ciudades cuyo clima social ante la homosexualidad es decididamente favorable (Sandford y otros, 2001). Otros estudios demuestran que la mayor parte de los intentos de suicidio perpetrados por las personas con tendencias homosexuales no han tenido nada que ver con la presunta “homofobia social”, sino sobre todo con la homosexualidad, y por las causas que han producido esa tendencia.
Si no se pueden negar los episodios deplorables de las agresiones a personas con tendencias homosexuales, sin embargo, se debe tener presente que estas tienden a percibir al mundo externo como hostil y agresivo (King y otros, 2003). Según algunos autores, esta actitud sería consecuencia del victimismo y de la autocompasión que se encuentran inherentes a la personalidad herida por los que experimentan las pulsiones homosexuales.

